Atención: En unidades de sólo frío, el modo calor no es posible.
(Del manual de operación de un aparato de aire acondicionado)
Atención: En unidades de sólo frío, el modo calor no es posible.
(Del manual de operación de un aparato de aire acondicionado)
MiniMax es el pintoresco nombre del algoritmo usado en muchos sistemas de análisis o simulación de juegos bipersonales.
Su funcionamiento emula el pequeño bucle recursivo que se genera a veces en las mentes de los jugadores, cuando no hay atajos para conocer la jugada óptima:
“Él va a hacer la la jugada A porque piensa que yo voy a hacer la jugada B porque pienso que él va a hacer la jugada C porque piensa que…”
Claro que los detalles son más escabrosos: hay que intercambiar roles en cada paso, evitar recursiones infinitas, usar poca memoria, etc; pero la idea básica es realmente encantadora, y más aún cuando uno ve que realmente funciona.
¿Para qué salir a correr o caminar gratis, si se puede gastar un montón de dinero en esta máquina para correr al aire libre?
A veces, cuando pruebo algún algoritmo para un juego, me doy cuenta de que soy una Inteligencia Artificial Artificial, es decir, una inteligencia natural simulando ser una inteligencia artificial.
La sensación es incómoda; las ganas de «corromper» el algoritmo en mitad de una partida si le descubrimos una posible debilidad es tan poderosa, que no me extrañaría que la Inteligencia Artificial se logre cuando podamos hacer algoritmos que se corrompan a sí mismos.
Leo en Slashdot que la RepRap (una impresora 3D) ya puede fabricar las partes necesarias para construir otra RepRap.
Más allá del problema del auto-ensamblado, que aún no permite que la RepRap sea una auténtica autorrep, el logro es bastante notable.
Uno de los comentarios en Slashdot me hizo mucha gracia:
¡Esta gente tiene un pésimo plan de negocio! ¿Qué tal si todos los compradores duplican su RepRap y devuelven la original pidiendo un reembolso?
El Non-Standard Computation Group (Grupo de investigación en Computación no-estándar) estudia el uso de fenómenos naturales para efectuar cálculos útiles sin tener que recurrir a las lentas simulaciones por computadora.
Una de sus ideas consiste en usar una masa de agua (u otro fluido, eventualmente) para simular procesos atmosféricos.
Por el momento, sin embargo, solamente han hecho pruebas de concepto, simulando la computadora de fluido en una computadora común.
(un mini-cuento de Fernando Chorny)
Motivado por la idea repentina de fabricar un bucle, aunque también algo nervioso por los riesgos paradójicos que implican este tipo de actos, tomé el teléfono y marqué mi propio número.
Naturalmente, la parte menos poética de mi ser esperaba encontrarse con el monótono “tuteo” de la línea ocupada.
Pero, en cambio, el teléfono comenzó a llamar.
La mayor esperanza de ser atendido ocurre cuando el timbre suena por tercera vez, porque es aproximadamente el tiempo que le lleva al destinatario acercarse hasta el teléfono (aunque yo soy bastante ansioso y suelo atender antes). Viví los dos primeros llamados con una indescriptible tensión hitchcockiana.
Antes de que el teléfono llamara por tercera vez sentí que alguien levantaba el tubo y escuché un “Hola”. Casi sin aliento reconocí mi propia voz. Me di cuenta de que no había considerado esta posibilidad y no había planeado qué decir. Tratando de no tartamudear susurré mi nombre:
- ¿Fernando?
- No. Equivocado -respondió mi propia voz y colgó (¿colgué?) el teléfono.
- ¡Sonó el teléfono! -gritó mi esposa desde el baño, amortiguada por el agua de la ducha. -¿Atendiste?
-Sí, atendí -le respondí algo aturdido, tratando de digerir los contecimientos. -Pero era un llamado equivocado.
Ángel me comenta sobre un error en un error en un error… Simpático.