Un amigo gusta usar la frase “No creo en imposibles”.
Hace poco, no pude resistirme a señalarle: “En ese caso, creés en un imposible”.
Quedó algo pasmado; espero que no se enoje conmigo por haber descompuesto su frase. Después de todo, ambas imposibilidades no tienen por qué ser del mismo tipo.
Algunas veces oigo o leo argumentos en contra del racionalismo, que no dejan de sorprenderme: me recuerdan un párrafo de Raymond Smullyan en donde señala la evidente contradicción de usar razonamientos para convencer a alguien de que no confíe en los análisis racionales. (¿Alguien sabe en qué libro habla Smullyan de esto?)
Una variante muy extendida (quizá menos tajante pero también algo desconcertante) es usar algún resultado científico para sugerir que la ciencia “no puede explicar” tal o cual tema.
Hay una paradoja clásica pero deliciosa, que encuentro aperiódicamente en mis lecturas: la paradoja de los dos sobres.
Nos dan a elegir entre dos sobres con dinero, diciéndonos que uno tiene el doble de dinero que el otro. Una vez que elegimos uno, nos dan la opción de cambiarlo por el otro.
Pensamos: “Sea la cantidad de dinero de este sobre. Si lo cambio por el otro, mi esperanza es de , la cual es claramente mayor que . Por lo tanto, me conviene cambiar.”
Tomamos el otro sobre. Pero antes de abrirlo, pensamos: “Sea la cantidad de dinero de este sobre. Si lo cambio por el otro, mi esperanza es de , la cual es claramente mayor que . Por lo tanto, me conviene cambiar…”
Y así siguiendo. ¿Cómo salir de semejante bucle?
Hay algún tipo de fallo en los razonamientos, pero no es tan claro cuál sea. Aquí pueden encontrar algunas argumentaciones razonables al respecto.
Gran noticia: Gustavo Piñeiro y Guillermo Martínez han escrito el libro Gödel para todos. Lo presentarán el viernes 24 de abril a las 21 hs en la sala Julio Cortázar de la Feria del Libro de Buenos Aires, y estamos todos invitados. Más información, aquí.
Tanto el libro como la presentación prometen ser muy interesantes. Espero ver por allí a todos los amantes del tema.
Update: tengo el libro. Procedo a la lectura. Iré comentando.
Hablando sobre la ambigüedad de ciertos idiomas y lenguajes de programación, llegamos a la conclusión de que a veces es muy útil y a veces muy molesta.
Llamemos creyentes a aquellos que creen que existe dios (sea eso lo que fuere), y además creen que dios creó todo lo que existe.
Ante la inmediata pregunta “Y entonces, ¿qué o quién creó a dios?” suelen encogerse de hombros, o pensar que es peligroso inmiscuirse en esos asuntos, o hundirse en falacias lógicas.
Ahora bien, también existen los meta-creyentes. Estas personas creen que hay un meta-dios que creó a dios, un meta-meta-dios que creó al meta-dios, y así sucesivamente en una cadena infinita.
A pesar de no compartirla, esta idea me cae mucho más simpática.
Claro que se podría preguntar “¿Qué o quién creó la cadena infinita de dioses?”, y en seguida surgirían los omega-creyentes que explicarían que un omega-dios creó la cadena infinita, etc…