MiniMax es el pintoresco nombre del algoritmo usado en muchos sistemas de análisis o simulación de juegos bipersonales.
Su funcionamiento emula el pequeño bucle recursivo que se genera a veces en las mentes de los jugadores, cuando no hay atajos para conocer la jugada óptima:
“Él va a hacer la la jugada A porque piensa que yo voy a hacer la jugada B porque pienso que él va a hacer la jugada C porque piensa que…”
Claro que los detalles son más escabrosos: hay que intercambiar roles en cada paso, evitar recursiones infinitas, usar poca memoria, etc; pero la idea básica es realmente encantadora, y más aún cuando uno ve que realmente funciona.
A menudo nos enfrentamos en la vida con dos opciones tan tentadoras que no sabemos cuál elegir, y lamentablemente incompatibles entre sí. Casi siempre encontramos más datos sobre alguna de ellas (o ambas) que nos ayudan en la decisión, o bien nuestros amigos o conocidos nos brindan algún consejo al respecto; pero cuando estamos solos y necesitamos más datos, este método es bastante útil:
Se asigna una de las dos opciones a cada cara de una moneda.
Se arroja la moneda y se observa qué opción es la “elegida”.
Si sentimos tranquilidad o alivio por la decisión tomada por la moneda, entonces ésa era la opción que secretamente deseábamos. Si, en cambio, nos sentimos intranquilos o tenemos la tentación de arrojar nuevamente la moneda, entonces la opción deseada era la otra.
En este momento tendremos un nuevo dato, a saber, la decisión que inconscientemente deseábamos tomar. Que la tomemos o no es otra cuestión; pero al menos tendremos más información.
El método funciona mejor si uno se plantea, al arrojar la moneda, obedecer ciegamente lo que ésta nos diga. Por supuesto, luego del paso 3 anularemos esta obligación por considerarla tiránica, o la mantendremos por una cuestión de honor, según nos convenga.
Descubrí este método hace algunos años, usando una moneda para decidir algo más o menos trivial que luego resultó no ser tan trivial.
No deja de maravillarme el hecho de que funcione; y sobre todo, de que bastante gente que conozco lo usa también. La mente humana es definitivamente enrevesada.
Eduardo Pinillos, que vive en Holanda, me comenta sobre este curioso bucle cultural:
Durante el siglo XX el mito de San Nicolás sirvió de origen al mito de Santa Claus. La ciudad norteamericana de Nueva Amsterdam era una colonia holandesa en la costa de los actuales Estados Unidos. En ella se celebraba también la fiesta de San Nicolás, cuyo nombre –Sinterklaas– fue adaptado al inglés como Santa Claus. La ciudad fue tomada más adelante por los ingleses y cambió su nombre por el de Nueva York. De Estados Unidos el mito de Santa Claus se extendió a toda Europa, incluyendo los Países Bajos, donde en navidad Sinterklaas compite consigo mismo en la forma de Santa Claus. (texto extraído de la Wikipedia)
Esto me hizo pensar en algo que me pasó varias veces: escucho alguna anécdota protagonizada por “un amigo de un amigo de un conocido”, para darme cuenta de que ese fulano resulto ser yo mismo, y la anécdota está tal vez deformada o exagerada, pero aún reconocible. Es muy divertido entonces ir preguntando o sugiriendo detalles de la situación, y parecer clarividente. ¿Les pasó alguna vez?
El Nomic es un juego bastante particular, inventado por Peter Suber; consiste en cambiar las reglas del juego a medida que se lo juega.
Quizá por la extravagancia del concepto, jamás pude jugar una partida completa en vivo con mis amigos. Seguramente los lectores de este blog sean más propensos a este tipo de juegos, y se quieran prender a una partida virtual.
De las muchas variantes que tiene el Nomic, mi preferida es el Nomic Puro, que tiene una sola regla inicial:
Los jugadores sugieren cambios en el reglamento, que deben ser aceptados por mayoría simple.
Sencillo, ¿no?
Update: Los que quieran participar en una partida de Nomic Puro no tienen más que entrar en este sitio.
No soy de festejar mis cumpleaños, y menos los de entes abstractos o inanimados; sin embargo me atengo a la costumbre bloguera de anunciar este tipo de eventos: hoy Bucles cumple un año de existencia.
Ha tenido épocas densas y espaciadas, sutiles y obvias, divertidas y serias. Pero al menos ha sabido conservar la temática intacta, objetivo que no era tan claramente alcanzable al principio, con un tema aparentemente tan ajustado.
Gracias a todos ustedes, lectores, por sus comentarios y sugerencias; la realimentación forma bucles poderosos.