Habitualmente nadie se toma el trabajo de definir cuidadosamente qué es una ensalada.
Esta situación permite la existencia de diversas implementaciones, con los ingredientes más impensados.
Pero la más simpática para mí es la ensalada de ensaladas o meta-ensalada, curioso engendro que tiene lugar luego de las fiestas navideñas, cuando se unifica en un solo objeto culinario multitud de otros que han sufrido el destino de no ser comidos en su totalidad.
Quizá pueda redactarse cuidadosamente un protocolo que promueva o censure algunas mezclas; pero nosotros no somos tan cuidadosos.
Lo misterioso del asunto es que la asociatividad de la unión de conjuntos no se aplica en este campo: no queda lo mismo tras mezclar dos ensaladas existentes que tras mezclar sus ingredientes obtenidos por separado: la meta-ensalada es más que la suma de sus partes.
A veces, cuando pruebo algún algoritmo para un juego, me doy cuenta de que soy una Inteligencia Artificial Artificial, es decir, una inteligencia natural simulando ser una inteligencia artificial.
La sensación es incómoda; las ganas de «corromper» el algoritmo en mitad de una partida si le descubrimos una posible debilidad es tan poderosa, que no me extrañaría que la Inteligencia Artificial se logre cuando podamos hacer algoritmos que se corrompan a sí mismos.
Rafael Pavon estudia un master en comunicación y cine en la universidad central Saint Martins, de Londres. Ha terminado un cortometraje (parte de su proyecto final), basado en bucles temporales, narrativas cíclicas basadas en cintas de moebius, etc.
Con gentileza me ha hecho llegar el video, en el que ha incluido una frase publicada aquí en Bucles. A ver si la descubren…
Ayer decidí revivir un viejo proyecto: el de la historia multifurcada. Se trata de una historia cuya estructura topológica es un árbol con raíz.
En cierto sentido, un árbol es lo más opuesto posible a un bucle (dado que explícitamente prohíbe los ciclos); pero me gusta esta estructura porque tiene una definición recursiva muy sencilla.
La idea del proyecto es que cada nodo del árbol define una historia distinta, que se puede extender agregando continuaciones a gusto (para mantener un poco acotada la cosa, puse un límite de 12 continuaciones posibles por nodo; pero creo que es más que suficiente).
No es una idea nueva; todos recordarán la famosa serie de libros Elige tu propia aventura (aunque eran estáticos y no se podían extender), y actualmente hay muchos proyectos por el estilo en internet; pero no muchos en español.
Espero que les guste el proyecto y agreguen sus propios capítulos; puede que dentro de un tiempo publique en forma lineal las ramas más graciosas o bellas.
Acabo de ver en Alterados por Pi (un excelente programa de divulgación de Matemática) una escena dedicada a los conjuntos de dados no transitivos.
Un tal conjunto es una especie extraña de bucle: una ronda de dados donde donde cada dado “le gana” al siguiente, si se los usa para jugar a quién arroja el mayor número.
Una consecuencia de esto es que se pueden usar para estafar a apostadores no avispados: se le pide a alguien que elija un dado; nosotros elegimos uno que le gane, y luego se apuesta.
El ejemplo usado en el programa es un grupo de cuatro dados de 6 caras, con las distribuciones siguientes de números:
A: [4, 4, 4, 4, 0, 0]
B: [3, 3, 3, 3, 3, 3]
C: [6, 6, 2, 2, 2, 2]
D: [5, 5, 5, 1, 1,1]
De su estructura se deduce que el dado A le gana al B, el B le gana al C, el C le gana al D y el D le gana al A.
Se me ocurrieron varios pseudo-acertijos que quizá alguno de ustedes pueda responder:
Usando dados de 6 caras y números del 0 al 6, ¿cuál será la máxima cantidad de dados que podrá tener un conjunto de dados no transitivos?
Si se arrojan los dados elegidos más de una vez sumando los resultados sucesivos, ¿se mantendrán siempre sus mágicas propiedades?
¿Qué pasa si en un conjunto hay más de cuatro dados, y cada jugador puede elegir dos dados y arrojarlos juntos, sumando sus resultados?
La palabra “metáfora” es ella misma una metáfora, como bien comentan en el espejo lúdico.
Lo cual me recuerdó la caracterización de palabras en autológicas y heterológicas, que da origen a una situación algo paradojal.
Una palabra es autológica cuando es lo que ella indica. Por ejemplo: “corta”, “castellana”, “femenina”.
Una palabra es heterológica cuando no es lo que ella indica. Por ejemplo: “monosilábica”, “azul”, “inglesa”.
Y el problema relacionado con esta caracterización es el siguiente:
Las palabras “autológica” y “heterológica”, ¿son autológicas o heterológicas?